Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Nordkapp. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Nordkapp. Mostrar tots els missatges

dissabte, 27 d’agost del 2011

Embussos

Traffic Jam: the tunnel from Josep M. Comelles on Vimeo.

He viscut embussos a les carreteres des que tinc memòria, a finals dels cinquanta. No puc oblidar els de la N-II de Badalona a Mataró abans de l'autopista ni un de monstruós de Mollerussa a Martorell per la N-II un Dilluns de Pasqua. Avui tenen fama i prestigi el permanent de la N-340 de Creixell a Coma-ruga i els de la AP-7 entre Tarragona i Martorell. Però n'hi ha d'altres i ni Mesta ni el Statens Vegvesen norueg (els organisme de gestió de les carreteres a Noruega) han estat capaços de resoldre. O potser, formen part del paisatge que volem veure quan viatgem a Nordkapp per la E69

dimarts, 16 d’agost del 2011

Turistas en el puerto, perplejos

Sigthseeing from Josep M. Comelles on Vimeo.

Honningsvåg no es precisamente Atenas. Desde su fundación como ciudad a mediados del XIX ha sido pueblo pesquero, que vivía de vender el pescado seco (stockfish) o el bacalao a los pobres del Sur. A España, a Portugal, a Italia. Allá en el Sur el bacalao seco y el arenque en salazón (el guardiacivil en el lenguaje coloquial) fueron, me recordó siempre mi abuela "la carne del pobre", la de la clase obrera. Pobres vendiendo a

pobres, temblando durante las crisis del Sur: la Guerra española, la II Guerra Mundial. Los ricos no iban a Honninsgvåg. Los cruceros de lujo de antes de la Guerra, fondeaban al Norte de la isla, frente a Hornvik, y los cruceristas de lujo subian la escalerade piedra hasta el Cabo Norte.

El puerto de Honningsvåg desde 1893 ha sido escala del "expreso costero" (Hurtigruten). Durante un siglo eran barquitos pequeños, una suerte de ómnibus de la RENFE de antaño, con parada en todos los puertitos, llevando pasajeros, víveres y animales. Luego, a partir de la prosperidad en la Europa, Nordkapp se conviertió en una suerte de destino mítico para todos los capitanes Hatteras de agua dulce, como yo mismo, para motarras que circulan por carreteras desiertas allá donde se acaba la tierra y algunas creen contemplar la banquisa en el horizonte.

Pero eso es otra cosa, es el otro extremo de la isla, Magerøya, en este lado que mira al sur la ciudad, o el pueblo grande no tienen hoy oro aliciente especial que la llegada diaria, a primera hora de la mañana del Hurtigruten que viene de la frontera con Rusia, y a media mañana por la escala de cuatro horas del que viene de Bergen y Tromsö. Desembarcan turistas alemanes y franceses, de edad provecta que prefieren navegar en unos barcos que aun conservan algunos rasgos de los tiempos pasados. Pero también está la ciudad, o el pueblo, vaya ud. a saber, donde recalan los cruceros internacionales, espantosos artilugios marítimos, contenedores de miles de turistas.

Desde hace algunos años, los hijos y los nietos de los pobres que compraban el bacalao del Norte barato, se han hecho, o piensan que se han hecho ricos. Los antiguos pobres navegan en cruceros Renaissance style, esto es de decoración interior profundamente hortera, con ascensores dorados y escalinatas que se pierden en las nubes, donde ellas sueñan en ser cenicienta durante una semana y ello, plutócratas como los que antaño podían permitirse el lujo de bajar a tierra.

Gamvik y yo solemos ser fieles a esta ciudad, o pueblo. Tras unos días perdidos por las calas, los montes y las bahías secretas de la isla, entre pájaros, disfrutando del viento, del olor a bacalao, de la humedad del aire y del oleaje, evitando la teoría de autocaravanas que van al Cabo Norte a toda pastilla y vuelven a toda pastilla y media, las norias de autocares que descargan a la infanteria de los cruceros, nos gusta "bajar" a ver "la animación del puerto", a fer el badoc. Compras en Coop, te acercas a Nordvågen, evaluamos los cambios que han acaecido los últimos años. Esta vez la cámara ojo se fija en los que desembarcan, españoles, italianos, alemanes, franceses del los dos barcos del puerto y como erran por un no lugar, ante la sorpresa de la gaviota.

dimecres, 5 de novembre del 2008

Qualsevol nit surt el sol

En 1925 Josep Pla cruzó el Báltico de vuelta a casa tras un periplo por Escandinavia. Navegó primero de Oslo a Trondheim. Fue consciente que la vieja Nidaros era el confín de una Europa que parecía terminar allí. El tren, via Ostersund le llevó hasta Estocolmo. Sus notas de viaje son un documento fascinante sobre las impresiones del viaje, de las gentes y del paisaje. Al ver alejarse los diques de Trelleborg, a bordo del vapor que le llevaba a Alemania, expresa el desgarro del alejamiento. Lo revivimos con emoción cada año cuando embarcamos para volver al continente.
A principios de siglo Selma Lagerlof imaginó un libro para que los escolares suecos supiesen del folklore de su país. Nils Holgersson vagó por los aires a lomos de un pato blanco del cabo Smygehuk en Skäne a la cima del Kebnekaise en Norrbotten. Nosotros - Gamvik y yo - navegamos en una autocaravana más allá de donde fueron Nils y su pato. Más al Norte, más al Este, incluso cruzando el mar al Oeste hasta las Islas Foroyar e Islandia. Es un mundo de luces de nácar, de silencios, de soledades, de colores y olores en el que no se pone jamás el Sol. No se deja facilmente. Pero le atrapa a uno y quizás nuestra experiencia sirva a aquellos que, aun intrigados por el Artico, no se dan cuenta que es el único lugar de ese mundo, dentro del territorio Schengen - o fuera de él - al que se puede llegaral volante de un coche, o como es nuestro caso, de una autocaravana y vagar libremente no condicionado por los horarios de las escalas de los cruceros ni por funcionarios impertinentes de fronteras.

En este blog contaremos nuestras experiencias, propondremos rutas, quizás descubramos algunos lugares que no salen en las guías más allá o más acá -depende- del Cabo Norte que, visto desde nuestra perspectiva podria decirse parafraseando lo que Proust escribió en relación a Venecia: que puede ser decepcionante por las características de su explotación turística, y que oculta en la misma Mageroya, varios lugares fascinantes que el turista accidental se pierde sin remisión.