dimarts, 18 de novembre de 2008

¿Te gusta conducir? De viajar y otras soledades


Desde 2002 Gamvik y yo viajamos solos. Entre ir cuatro en 9 metros cuadrados y dos en doce hay bastante diferencia, y nuestra experiencia con las autocaravanas nos lleva ahora a considerarnos expertos en ellas. Por eso en este blog hablaremos de vez en cuando de detalles que pueden ser útiles para el neófito en navegaciones terrestres o servir para incitar a los no neófitos a comentar y añadir cosas con las que todos aprendemos. Pero vayamos por partes.

Cuando alguien sabe que tenemos una autocaravana, suele mirar con los ojos al cielo y decir con voz meliflua:
- ¡Como me gustaría tener una!
Gamvik y yo le contestamos:
- ¿Te gusta conducir?

A Gamvik, que es una pisapedales -aunque solo le gustan los cambios automàticos-, le encanta llevar el timón y zamparse seis o setecientos kilómetros si conviene. A mi también. Y eso te gusta o no te gusta. Has de asumir que los trayectos de autopista son una triste obligación "profesional" que hay que hacer para llegar dónde te place.

I’ve met some folks who say that I’m a dreamer
And I’ve no doubt there’s truth in what they say
But sure a body’s bound to be a dreamer
When all the things he loves are far away.
And precious things are dreams onto an exile
They take him o’er the land across the sea
(Robert Farrelly, The Isle of Innisfree )

Luego, una vez far away las etapas son cortitas y los placeres intensos. Por eso tener una autocaravana exige - como en el anuncio - que te guste conducir. En caso contrario, hay muchas alternativas. Puede gustarte navegar y para eso están los barcos. Creo que a Gamvik y a mi también nos gustaría si estuviésemos en una costa complicada y anfractuosa, como las del Norte, o cerca del sistema europeo de canales. Sino te gusta conducir ni navegar siempre queda la opción de otras fórmulas más sedentarias de viajes - pasar diez días bajo un cocotero en un hotel de Lloret pero en Bali -, o bien dedicarte a los placeres del trekking cuya oferta actual es impresionante. Nosotros no podemos hacer trekking y bien que nos pesa, y por eso lo compensamos cumpliendo con la idea que viajar y conocer, es una forma de iniciación que en la cultura occidental hunde sus raíces culturales en los viajes fantásticos de Odiseo, de Sindbad o de Polo, y más cerca de nosotros en Robinson Crusoe, o en Conrad.

Quan surts per fer el viatge cap a Itaca,
has de pregar que el camí sigui llarg,
ple d'aventures, ple de coneixences.
Has de pregar que el camí sigui llarg,
que siguin moltes les matinades
que entraràs en un port que els teus ulls ignoraven,
i vagis a ciutats per aprendre dels que saben.
Tingues sempre al cor la idea d'Itaca.
(Kavafis, Trad Carles Riba: Viatge a Itaca).

Y aun en un mundo tan conocido como este, todavía es posible descubrir, porque el descubrimiento no tiene que ver con lo objetivo, sino con la relación subjetiva que establece en el viajero con lo que el desconoce. Viajar es aprender, adquirir experiencia y tratar de comprender a los que no son como nosotros. Y eso puede hacerse en cualquier latitud y en cualquier longitud, aunque a veces los resultados sean desconcertantes:

"Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome
Et rien de Rome en Rome n'aperçois,
Ces vieux palais, ces vieux arcs que tu vois,
Et ces vieux murs, c'est ce que Rome on nomme.
(Du Bellay, Antiquités de Rome)

Dicho esto, si alguien ha pensado en una autocaravana, la primera respuesta que ha de darse - él y su pareja, ambos -, es si están dispuestos a conducir. Si es que sí, de lo que nos congratulamos, en un próximo post trataremos de contar qué puede hacer.

Francel